Decir lo que piensas no es dar feedback

¿Alguna vez te has preguntado cómo decir lo que piensas sin herir los sentimientos de tu interlocutor? Y, del otro lado, ¿qué ha ocurrido cuando has recibido una crítica basada en opiniones y juicios? Construir diálogos constructivos conlleva conocer la manera de abordar al otro cuando queremos ser coherentes con lo que pensamos, sentimos y hacemos, necesitamos coordinar acciones o generar compromisos.

 

Dar feedback es algo que sucede en nuestro día a día y es uno de los eslabones que forja la cadena de nuestras relaciones interpersonales. Saber decir lo que piensas, sientes o lo que esperas del otro es fundamental, pero el impacto de qué se dice, cómo y cuándo contribuye a que éstas avancen, se dañen o lleguen a término.

 

Para abordar un encuentro con el otro, cuando nuestra meta es que modifique su actitud o conducta bien con nosotros bien frente a una tarea, es relevante manifestar nuestra intención en un contexto concreto evitando las generalizaciones. No se trata de que el otro cambie por completo, sino que debemos referirnos a un comportamiento puntual en un contexto determinado.

 

Por tanto, debemos cuidar nuestro mensaje. Cuanto más delimitado sea, más eficaz y mejor dispondrá al otro para promover en él los cambios que perseguimos, por lo que es relevante esquivar las ambigüedades.

 

Si deseamos predisposición eludiremos calificativos, juicios y valoraciones propias acerca de nuestro interlocutor. No estamos sometiendo a análisis a nuestro contrario, sino atendiendo sólo a una forma de dirigirse o conducta específica asentada en hechos neutrales.

 

 

Lo cierto es que cuando exteriorizamos y compartimos qué nos preocupa, cómo nos afecta y qué sentimientos nos despiertan las acciones de los demás en nosotros parece equitativo que nuestro observador conozca de qué se trata y cómo su comportamiento nos afecta. Conviene, pues, evidenciarlo desde los acontecimientos y no desde nuestro punto de vista particular. Dicho así, resulta esclarecedor y favorece el mantenimiento de una conversación directa e imparcial.

 

Así, por ejemplo, no es lo mismo pronunciar imprecisiones tales como “nunca cumples tus tareas” o “siempre me tratas mal”, a decir “el lunes y viernes de esta semana no has finalizado tus informes” o “en la reunión de esta mañana me has gritado y eso no me agrada”.

 

Aprender a dar feedback, es una forma de mejorar nuestra comunicación en pro de unos intercambios más auténticos. Debemos decir lo que pensamos, sí, pero sin olvidar mimar el mensaje, vigilar las emociones y mantener una actitud receptiva para atender a quien nos escucha. No sólo se emplea para que nuestro oyente cambie su lenguaje o acciones en un momento dado sino que, es muy valioso si se usa para reconocer conductas adecuadas y positivas. Recuerda, el objetivo del feedback es enriquecer y expandir nuestras relaciones.

 

“Sólo cuando descubres qué percepción tienen los terceros de tu desempeño puedes ajustar lo que no funciona para mejorar tus resultados”

(Mariela Dabbah)

 

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¡Hasta la próxima!

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